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Autoridades luchan por la vida nocturna, pero culichis desean antes la calma de día


Autoridades luchan por la vida nocturna, pero culichis desean antes la calma de día

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▲ El pasado martes, un explosivo artesanal en forma de tubo galvanizado con mecha amarilla, un arma AK-47 y un chaleco táctico fueron decomisados en una camioneta abandonada en el sur de Culiacán tras un choque protagonizado por un grupo armado.Foto Cuartoscuro

Arturo Cano

Segunda de Cuatro Partes

Periódico La Jornada
Miércoles 2 de abril de 2025, p. 5

Culiacán, Sin., La promesa de vuelta a la normalidad viste de verde y de negro. Pero hay que ir por partes. O por horas, mejor dicho.

El general Iván Navarrete Torres lanzó el grito que marcó territorio: “¡Culiaaacán, Sinaloa!, y dio la orden de abordar. ¡Media vuelta, ya! Los efectivos del Ejército, la Guardia Nacional y la Policía Estatal obedecieron la orden y montaron sus vehículos, en el arranque meramente simbólico del operativo Culiacán en Movimiento.

¿El objetivo? Que volvamos a recuperar la normalidad de Culiacán, dijo el general Navarrete, única persona que habló, aunque estaban ahí, el pasado 13 de marzo, representantes empresariales y funcionarios del gobierno del estado.

El operativo, que se echa a andar los fines de semana, se reduce a tres zonas de la ciudad (Centro, Desarrollo Urbano Tres Ríos y corredor del boulevard Pedro Infante) e incluye 15 rutas de transporte seguro para comensales y trabajadores de restaurantes y bares.

En una primera etapa, inciertas las fechas, se propone que los establecimientos amplíen sus horarios hasta las 11 de la noche.

El operativo fue presentado en el estacionamiento de un centro comercial justo en la zona Tres Ríos, conocida por sus hoteles, tiendas y restaurantes.

Las personas que dirigen los organismos empresariales locales se ufanaron para aparecer en la foto con el general, quien se dirigió respetuosamente a los presentes y dijo que el operativo obedecía a peticiones de las diferentes cámaras empresariales. Se trata, dijo, de ofrecer seguridad inmediata a las unidades de comercio en tres áreas prioritarias.

En un café cercano, un ex funcionario del gobierno estatal se enteró casi de inmediato del anuncio del operativo para recuperar la vida nocturna, según la fórmula empleada por la prensa local. Se tomó el nombre con cierto humor: Primero habría que recuperar la vida diurna.

El factor Harfuch

Van 80 a 20, dice un avezado analista local, en referencia a los golpes –detenciones de generadores de violencia– que las fuerzas federales han asestado a las facciones en pugna del llamado cártel de Sinaloa.

Yo haría lo mismo, completa.

Sean funcionarios, empleados de una tienda, meseros o profesores, en las charlas informales una mayoría de los culichis espera que, al final, se imponga la mayiza, pues consideran que la facción fundada por el ahora preso Ismael Zambada es la más dispuesta a llegar a acuerdos.

Para nadie es un secreto el reparto territorial que prevalecía antes del estallido de la violencia el pasado 9 de septiembre. Los chapitos controlaban la zona urbana y los mayos las sindicaturas que rodean a la ciudad.

En los últimos días de diciembre de 2024, la visita de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y funcionario de todas las confianzas de la presidenta Claudia Sheinbaum, creó muchas expectativas entre los culichis. Se dijo entonces que permanecería en Culiacán hasta dejar sentadas las bases de la estrategia de seguridad.

García Harfuch va y viene, pero aquí son muy visibles los elementos que responden directamente a su mando. Viajan en camionetas pintadas de negro, con uniformes del mismo color y no participan en operativos como el descrito arriba.

Se les puede ver en las salidas de la ciudad y en algunos puntos estratégicos. Revisan los vehículos y sueltan preguntas muy precisas a las personas a las que marcan el alto. Son los hombres de García Harfuch, puros chilangos, dice un experimentado periodista, en afán puramente descriptivo.

A las tareas de inteligencia de este grupo es que algunos atribuyen golpes como la detención, en febrero pasado, de José Ángel Canobbio Inzunza, El Güerito, a quien se identificó como operador financiero de los chapitos. Es sin duda la detención más importante, afirma el analista local.

Si esto se prolonga demasiado no es seguro que retengamos la gubernatura, dice un funcionario del gobierno estatal, a condición del anonimato.

No que piense que el PRI o el PAN estén en condiciones de disputar la gubernatura. Se refiere estrictamente al grupo de fundadores de Morena que, dice, llevó al cargo a Rubén Rocha.

En una de esas, si a Tatiana Clouthier se le antoja podría venir acá, en lugar de Nuevo León. Es inteligente, y anda como si fuera pobre, con mezclilla vieja y huaraches.

La preocupación deriva, entre otros factores, de que la popularidad del gobernador Rocha ha ido en picada. En octubre de 2023, según el listado de gobernadores de la casa Mitofsky, Rocha estaba en el tercer lugar entre los mandatarios estatales con mayor aprobación. Fue el uno, el dos, muy jodido el tres, dice el funcionario.

Para diciembre de 2024, el mismo instrumento enlistó a Rocha en el sitio 25.

En la prensa del centro del país menudean las columnas que consideran al sinaloense un lastre del que la presidenta Sheinbaum debería deshacerse, porque sostenerlo implica un alto costo político.

El gobernador ha sido excluido de algunas reuniones del gabinete de seguridad y no da entrevistas, aunque mantiene sus ruedas de prensa semanales; además de otros encuentros con la prensa local en los que no suele salir bien librado (algo anterior a la crisis de violencia, hay que decirlo).

El pasado 19 de marzo fue asesinado Jorge Octavio Torres, coordinador operativo de la dirección de tránsito municipal. Fue el asesinato número 12 de un policía sólo en lo que iba del mes.

Al día siguiente, en una entrevista banquetera, el gobernador Rocha Moya dejó claro que no sabía nada del asunto: “no le di seguimiento… no tengo información”.

Un analista local resume la situación en una frase: todo lo de seguridad es de México.

La narcopandemia

La fotoperiodista sinaloense Azucena Manjarrez ha dado testimonio puntual de uno de los rostros de la narcopandemia –como ha dado en llamarla la prensa local– con sus fotografías de los negocios que han cerrado desde septiembre pasado.

“Aquí estuvo…”, comienza, y sigue con el nombre y la foto de la tienda, el restaurante, la cafetería. Aquí estuvo el bar Los Baldes. O una tortería, una tienda de vestidos de novia, un restaurante de mariscos. Y otro, y otro.

Las fotos de Manjarrez también ofrecen ejemplos, los menos, de los negocios que han logrado sobrevivir a la guerra.

En estos días, hacer una cita en una cafetería del centro de Culiacán pasa por la advertencia: No sé si esa ya cerró.

Los músicos, que antes esperaban a sus clientes en lugares específicos de la ciudad, se han desplazado a los cruceros. En un semáforo, es el turno de una banda que se despacha con el repertorio clásico, que incluye El sinaloense, pieza que muchos consideran un himno estatal.

José Ángel Espinoza Aragón, Ferrusquilla, célebre compositor sinaloense, se enojaba nomás de escuchar el título de la canción: Me da tristeza, que dejen la melodía, ¡pero no con esa letra! (Por Dios qué borracho vengo, dice la canción).

Fallecido en 2019, contaba unos años antes que se había cansado de pedir a los gobernadores del estado promover otra pieza como himno estatal.

Le chocaba el peor exceso del machismo de la canción, que dice: “Me gusta una que ande sola/ y que no tenga marido/ pa’no estar comprometido/ cuando resulte la bola…”

Los sinaloenses no somos así, decía Ferrusquilla.



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