Por Obed Sebastian Arriaga Velazco
Los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) son el punto de partida desde el cual la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) diseña la implementación de la política económica que aplicará durante el año; en términos técnicos, son los supuestos sobre los que se construye el ejercicio institucional de la hacienda pública. Para 2025, los CGPE anticipaban un entorno bastante más alentador del que realmente se ha venido configurando. Entre los aranceles impuestos por el presidente Trump, el desempeño de la economía mexicana y variables clave como el consumo, el panorama que se dibuja dista mucho de lo proyectado.
La llegada de Trump no solo representa el cambio de un inquilino en la Casa Blanca, sino la irrupción de un estilo de gobierno que genera incertidumbre, entendida no como riesgo cuantificable, sino como un escenario impredecible que impide la adaptación eficiente del mercado. Esto inhibe la llegada de capital extranjero y frena decisiones de inversión tanto locales como internacionales. En un primer momento, esto afecta a las empresas mexicanas; pero, si se prolonga, puede traducirse en una desaceleración más amplia.
Ahora bien, ¿es esta incertidumbre el único factor que condiciona el desempeño económico de México? Al revisar los CGPE, se percibe un optimismo importante, en especial en tres indicadores: un consumo sólido, una cotización fuerte del peso y un entorno favorable para la inversión privada.
Pero, ¿qué tan sólidos son estos pilares? Si observamos el comportamiento del consumo privado, como se muestra en la gráfica, vemos que el crecimiento ha sido impulsado, principalmente, por el consumo de bienes importados, mientras que el consumo de origen nacional ha mostrado un rezago constante en los últimos seis años. Esta diferencia plantea dos problemas: primero, que los beneficios de la expansión del consumo no recaen sobre los productores mexicanos, y segundo, que dicha expansión depende de una variable externa: el tipo de cambio.

Durante varios meses, se habló de un “súper peso”, que permitió una mayor accesibilidad a productos del exterior. Esta coyuntura sostuvo el crecimiento del consumo, y con ello, buena parte de las expectativas del gobierno. No obstante, desde enero de 2025 el peso se ha mantenido lejos del rango previsto (17.80–18.00 por dólar, marcado en líneas azules), promediando los 20.40 pesos. En este contexto, pensar que el consumo seguirá creciendo al mismo ritmo parece, por lo menos, arriesgado.

Respecto a la inversión privada, especialmente la relacionada con el proceso de nearshoring, el escenario cambió. Si bien el optimismo persiste por parte del gobierno, este fenómeno ante los nuevos escenarios se vería por lo menos pausado tanto por la incertidumbre, como por la contradicción emanada de una política económica que no diagnosticó bien la relación entre sus variables (como las antes expuestas).
Así, la incertidumbre externa, sumada a supuestos internos endebles, reduce el margen de maniobra y complejizan un escenario de recuperación y expansión de la economía mexicana. Ante este escenario, vale la pena preguntar a las autoridades: ¿es prudente seguir tomando decisiones con un escenario tan optimista en la mente?
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