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Hace 46 años Japón envió a la criatura equivocada a una isla para erradicar su creciente población de serpientes: fue peor el remedio que la enfermedad


Hace 46 años Japón envió a la criatura equivocada a una isla para erradicar su creciente población de serpientes: fue peor el remedio que la enfermedad

En 1979 la isla de Amami Oshima, en Japón, vivió un feliz acontecimiento. Aunque pensaban que una de sus especies autóctonas estaba ya extinguida, el redescubrimiento del conejo Amami que daba nombre a la isla revolucionó a la población. Centrada en el turismo precisamente por la diversidad de su naturaleza, considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, proteger a esa seña de identidad se convirtió en una prioridad.

Si querían dedicarse a algo más que a la agricultura, el cuidado de su entorno debía ser crucial para el futuro de la isla, así que con ayuda del propio gobierno de Japón trazaron un plan para sumar esfuerzos en busca de la supervivencia y proliferación del conejo Amami. 

Entre sus objetivos para conseguirlo está el control y erradicación de la víbora Habu que, por culpa de su veneno, es un peligro tanto para los citados conejos como para los humanos que habitan allí. Lo que ocurrió durante los 46 años siguientes, tal y como recogían nuestros compañeros de Xataka, demostró hasta qué punto aquél plan fue un completo desastre.

Japón, conejos y un plan con fisuras

La idea de Japón era que, en busca de controlar a esas víboras venenosas para evitar que dañasen a sus preciados conejos, y lejos de encargarse ellos mismos de erradicarlas por el peligro que comportaban también para los humanos, necesitaban a otro animal que hiciese el trabajo por ellos. No hay muchos rivales capaces de plantarle cara a una serpiente, pero cualquiera que se haya criado entre dibujos animados reconocerá al candidato perfecto para ese desafío: la mangosta.

Conejo

Conejo Amami / Nippon

En concreto optaron por otra especie famosa en el territorio asiático, la conocida como la mangosta de la India. Un simpático pero fiero cazador que, además de ser un poco más grande que la comadreja japonesa, cuenta con la particularidad de ser increíblemente resistente al veneno de las serpientes, lo que convierte a estos animales originarios de Oriente Medio y el sur de China en el depredador perfecto de las serpientes.

A mediados de 1979, Japón introduce en la isla de Amami Oshima un total de 30 mangostas de la India. Ahora sólo es cuestión de tiempo que empiecen a mostrar sus resultados limpiando la isla de su venenoso peligro. Entre su dieta están pequeños invertebrados como grillos y saltamontes, ranas, conejos, ratas y, por supuesto, también las serpientes.

Sí, he dicho conejos, pero con una población plagada de serpientes y otras opciones para comer (lo de acabar con las ratas también era interesante), raro sería que el preciado Amami se viese afectado. A no ser que hubiese un error de cálculo en ese plan claro. Pero cuando en el año 2000 se realizó un estudio para ver qué tal estaba funcionando aquello, aquellas 30 mangostas se habían convertido en 10.000. Las serpientes, en cambio, seguían exactamente igual.

Un desastre ecológico sin precedentes

El problema era que habían errado en lo más básico. Resulta que nadie se había parado a pensar en los horarios de cada especie, así que mientras que las mangostas campaban a sus anchas durante el día, las serpientes lo hacían durante la noche, y entre unos y otros no sólo estaban acabando con el conejo Amami, también con el resto de especies de la isla en lo que ya era un desastre ecológico sin precedentes.

Mangostaserpiente

Mangosta de la India y víbora Habu / Instituto de Okinawa

Pudiendo reproducirse con tan sólo un año de vida, y con camadas de entre dos y siete crías por gestación, el número de mangostas estaba creciendo sin control y, además, no tenían depredador natural en la isla. Lo que a mediados de los 90 se convirtió en algo a lo que tal vez habría que echarle un ojo por parte del Ministerio de Medio Ambiente de Japón, a principios de los 2000 se convirtió en una cuestión de estado. Había que trazar un nuevo plan para controlar y erradicar a las mangostas.

El resultado fue la creación del Amami Mongoose Busters en 2005, un grupo profesionalizado de cazadores que mediante trampas y cámaras se dedicaría a buscar mangostas por la isla con la intención de capturarlas. Y no necesitaban pocas, precisamente. En total se desplegaron más de 30.000 trampas y 300 cámaras para controlar la población de la especie, y a sabiendas de la difícil tarea que tenían por delante, también se sumaron perros entrenados para la detección de este animal.

Cuando en 2018 se capturó a la última mangosta, el miedo seguía ahí. Al fin y al cabo, ¿cómo sabes que esa era la última de todas? Mediante cálculos destinados a evaluar la situación de la isla, controlando no sólo las pistas que dejaban cámaras y trampas, sino también la proliferación de otras especies como el conejo Amami, los expertos declaraban la isla de Amami Oshima libre de mangostas en septiembre de 2024. Por ahora no ha trascendido cuál es la situación actual de las serpientes.

Imagen | Kagoshima

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Hace 46 años Japón envió a la criatura equivocada a una isla para erradicar su creciente población de serpientes: fue peor el remedio que la enfermedad

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3DJuegos

por
Rubén Márquez

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