
▲ Desde julio del año pasado, militares vigilan Culiacán luego de la ola de violencia desatada tras el secuestro y entrega de El Mayo Zambada a autoridades de Estados Unidos.Foto Cuartoscuro

▲ Efectivos estatales y federales revisan al área donde ayer fueron arrojados explosivos desde un dron en la comunidad de Limita de Itaje, en Culiacán, Sinaloa.Foto El Debate / Noé Contreras
Arturo cano
Última parte
Periódico La Jornada
Viernes 4 de abril de 2025, p. 17
Culiacán, Sin., Pascual Rodríguez Payán no debería ser mencionado en esta ni en ninguna nota periodística. Entre otras cosas, porque fue un maestro rural que tenía vocación humana y apostolado
, contaba con una inestimable fibra humana, era solidario y muy servicial
, y porque en una comunidad de la sierra de Sinaloa buscó que niños y jóvenes no tuvieran como único horizonte las filas del narcotráfico.
Pascual Rodríguez no existe. Es personaje, apenas, de una novela, la que escribió en 2013 el ahora gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, con el sugerente título de El disimulo: así nació el narco, una ficción surgida de la historia de vida del escritor, que nació en Badiraguato y fue maestro rural.
Rocha fue un líder desde su primera juventud. Estudió en la escuela normal de El Quinto, Sonora, y fue presidente de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, la misma que en otro momento encabezó Lucio Cabañas.
Unos años más tarde, Rocha participó en el MAR (Movimiento Armado Revolucionario), uno de los afluentes guerrilleros de la época. Nunca llegó a tomar los fierros (porque le fallaron a la hora de la cita rumbo a la clandestinidad, o porque se arrepintió, según la versión que se dé por buena). Le dio, en cambio, por la vida académica, que lo llevaría a ser rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Ese cargo fue la plataforma de lanzamiento de una carrera política que lo llevó a ser candidato del PRD a la gubernatura (lo había sido antes, en 1986, en una de las primeras incursiones electorales de la izquierda). Era 1998 y el presidente del partido del sol azteca se llamaba Andrés Manuel López Obrador.
A Rocha le llegó muy tarde la gubernatura
, coinciden analistas locales. En 1998 fue un candidato joven, muy articulado
, en palabras del investigador universitario Ronaldo González, quien lo conoce de siempre. Rocha logró la proeza de obtener 19 por ciento de los votos. Seis años atrás, el PRD apenas había arañado 4 por ciento.
–¿Le echaron una manita para que no creciera el PAN?
–Claro, y después se la seguimos echando; los seguimos ayudando cuando Feliciano Castro (hoy secretario de Gobierno) era el presidente del PRD, dice el ex gobernador Juan S. Millán (PRI).
Tras su candidatura, Rocha colaboró mediante una consultoría con el gobierno de Millán. En el siguiente sexenio, su amistad con Jesús Aguilar Padilla lo hizo coordinador de asesores, cargo en el que repetiría con otro mandatario estatal, Quirino Ordaz, ahora diplomático en España.
En esos tiempos, bajaba de las oficinas del gobernador enojadísimo con los empresarios que rodeaban a Quirino, pues se quejaba siempre de que eran inmediatistas, que no tenían visión estratégica
, dice un antiguo compañero de gabinete de Rocha.
¿La razón? Que al aceptar el cargo con Ordaz, Rocha había solicitado que a la coordinación de asesores se le agregara y políticas públicas
.
“El disimulo… es una forma de ocultar o de fingir que la realidad es otra o inexistente, encubrir o permitir la transgresión de la ley, del precepto, a cambio de prebendas o sobornos”, explica, en la contratapa del libro de Rocha (202 páginas), su amigo Florentino Castro, un político hecho en el PRI que asume como guía a Beatriz Paredes.
La novela El disimulo… se publicó en 2013, cuando Rocha era alto funcionario en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), justo en una de las épocas en las que ocurrió el saqueo
de la institución largamente denunciado en las conferencias matutinas presidenciales.
Hacia 2017, vivía en la Ciudad de México y volvió a acercarse a su viejo conocido López Obrador. El siguiente paso fue su senaduría en 2018, antesala de la gubernatura.
En su camino al gobierno del estado, tuvo trato con personajes como Jesús Estrada Ferreiro, representante del obradorismo en la entidad, con quien terminó de pleito y a quien hizo abandonar la presidencia municipal de Culiacán.
Por esos tiempos también tuvo muy buena relación con Ignacio Mier, encargado de la entidad por Morena. Con él y otros, Rocha decidió incorporar a su campaña a su enemigo de siempre, Héctor Melesio Cuén, cacique de la Universidad de Sinaloa que, según Ismael El Mayo Zambada, fue asesinado en una reunión con los líderes políticos del estado, el mismo día que se lo llevaron a Texas en un avión.
Muchos compañeros de Rocha, que habían padecido a Cuén en la UAS –el espacio natural y casi único de la izquierda sinaloense– se opusieron. Otros le advirtieron sobre los vínculos de Cuén con la delincuencia. Al final, “prevaleció el criterio de que había que asegurar el triunfo.
Yo sigo metiendo las manos al fuego por Rocha, pero en el caso de Cuén se equivocó
, dice en Maza-tlán el respetado académico Arturo Santamaría.
El caso es que la buena relación duró poco. Por su aporte electoral, que no fue realmente muy significativo, Cuén se creía merecedor de la Secretaría de Gobierno. Le dieron otra, menor, y luego la ruptura fue completa. Terminó en las filas de la alianza opositora. En la campaña de 2024, Xóchitl Gálvez le agradeció de manera cálida: tu ánimo se nota; tu gente, tus seguidores son gente entrona y juntos lo vamos a lograr para bien de Sinaloa, porque Sinaloa merece más, México merece más
.
Al ser asesinado, en el episodio de la captura de El Mayo todavía no esclarecido, Cuén era diputado federal electo.
Se creía blindado
La comunicación nunca ha sido una fortaleza de Rocha y su gobierno. Como otros gobernadores de Morena, quiso replicar el modelo de López Obrador. Fracasó, igual que los demás, porque se creía blindado.
Él quiere estar donde mismo, porque es donde acosa. No puede estar donde mismo porque ya está comprobado que acosa
, dijo, en octubre de 2023, sobre un funcionario al que decidió proteger porque era su ahijado
, según cuentan en estas tierras.
La crisis de violencia sólo vino a exhibir carencias que quizá antes no pasaron de notas secundarias.
Ahora, acotado por el gobierno federal, Rocha no da entrevistas, pero es incapaz de abandonar sus conferencias semanales, sus discursos en eventos controlados y sus declaraciones banqueteras.
Si las presas de Sinaloa están a 8 por ciento de su capacidad y la crisis hídrica tiene que ver con el control delincuencial del riego, el gobernador declara que ya le pidió ayuda a San Judas Tadeo que nos traiga agua
. Si le preguntan sobre hechos de violencia en particular, responde con desparpajo que no tiene la información. Si un medio local publica cifras sobre las pérdidas económicas derivadas de la guerra entre delincuentes, las minimiza, las tacha de amarillistas y pide que mejor se hable del Carnaval de Mazatlán.
Todo, con el telón de fondo de la violencia que no termina y con una crisis que toca el corazón de la economía sinaloense.
Un botón: en un comunicado dado a conocer este jueves, el Colegio de Economistas de Sinaloa llama la atención sobre la crisis del agua: afirma que la Conagua ha decidido cerrar ya cinco presas al riego agrícola, con la finalidad de garantizar el consumo humano. Con ello, afirman, dejarán de sembrase 320 mil hectáreas.
Esta situación de sequía generalizada, y la falta de acciones gubernamentales para mitigar su impacto, provocarán que 2025 sea un año sin crecimiento económico, con elevado desempleo y con mayor pobreza, sobre todo de las familias rurales
, dicen los economistas.
Cámbienme ese dato; está muy feo
, diría el gobernador Rocha.
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