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punto de inflexión para México


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ay muchos indicios de que Donald Trump quiere cancelar el T-MEC. Ha reiterado, sin rubor, que se trata de un tratado lesivo para Estados Unidos (EU), a pesar de que fue en su administración cuando se renegoció entre 2018 y 2019. Lo justifica afirmando que fue aplicado en forma incorrecta, lo que no parece ser cierto en tanto hay reglas que impiden que se desvíen de lo pactado. Estos comportamientos generan afectaciones tanto para México como para Canadá, en la medida en que la incertidumbre mantiene en la expectativa muchas inversiones. Un día señala que va a aplicar aranceles a todos los coches que lleguen de México o Canadá, pero días después señala que esas industrias tienen que volver a instalarse en EU porque de lo contrario se va a impedir que esos coches lleguen a ese país. Parece que la intención del personaje es lanzar amenazas, ver cómo responden los gobiernos y replantear sus decisiones, sean éstas arbitrarias o contrarias unas de otras. La presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido la capacidad, inteligencia y carácter para ir capoteando al monstruo del vecino país, pero es momento de pensar que este es un punto de inflexión y México no debería dejarlo pasar y replantearse la integración regional con EU y Canadá.

El libre comercio consolidó una integración perversa al mantenerse las estructuras asimétricas y la subordinación a los designios de la potencia hegemónica. El campo mexicano fue devastado y así expulsó a los campesinos que emigraron a las industrias agrícolas del país vecino. Gracias a ellos EU recuperó el liderazgo como agroexportador alimentario mundial y México perdió autosuficiencia alimentaria. Por otro lado, el país abandonó la política industrial nacional y en su lugar adoptó la industria maquiladora de empresas trasnacionales, totalmente desvinculada del resto de la economía, cuyos controles salariales precarizaron a la fuerza de trabajo. Este fue uno de los incentivos para la llegada de inversiones extranjeras para las que no hubo regulación ni sanciones por la alta contaminación, ni la obligación de aportar desarrollo tecnológico.

No es extraño que se haya puesto en marcha un proyecto de cambio de régimen con Andrés Manuel López Obrador (2019-24) que lo continúa Sheinbaum a partir de lo que se ha denominado como el segundo piso de la 4T. Se han hecho importantes avances, sobre todo en programas sociales como forma de redistribuir el ingreso, se ha incrementado el salario mínimo, las pensiones para los adultos mayores. Es de destacarse el apoyo a los estudiantes de todos los niveles otorgando un amplio abanico de becas, y se avanza para hacer de la salud un bien universal, privilegiando lo público sobre lo privado. Los beneficios sociales son ahora considerados derechos universales. Sin embargo, por increíble que parezca, este régimen basado en un modelo progresista se aleja de los intereses hegemónicos de EU. Para Trump y su gabinete oligárquico de derecha y ultraderecha es claro que intentan detenerlo ya sea con aranceles, por el fentanilo o por la migración indocumentada. Todo sirve para presionar al gobierno porque se le consideran programas izquierdistas, socialistas, comunistas. Esto explica que haya un destructor en las aguas del Pacífico y otro en el Golfo de México; que se designe narcoterrorista a la delincuencia organizada, y que el nuevo embajador de EU en México, Ronald Johnson, haya señalado que sobre la mesa también está la posibilidad de una intervención militar. Ante este ambiente desquiciante por parte de la primera potencia global, es necesario reflexionar sobre la posibilidad de reorientar alianzas con aquellas regiones que ponderen la soberanía en un marco de cooperación y respeto.

El sur global vive cambios de enorme importancia. En primer lugar, se está produciendo un claro desplazamiento de la dinámica económica hacia el sudeste asiático con China a la cabeza, que no sólo está superando a EU en muchos aspectos, sobre todo en el tecnológico, sino que empieza a ser visto por algunos países, muchos de ellos africanos como socio estratégico confiable. Por ello es atacado, no sólo con aranceles, sino que EU se acerca en forma muy provocativa a Taiwán, sin importar provocar conflictos mayores. Por otra parte, el BRICS es una plataforma del sur global para la cooperación comercial que está buscando ser un orden financiero alternativo en el marco de la multipolaridad, y también ha sido amenazado por Trump ante la posibilidad de desplazar al dólar. Y en cuanto a los países latinoamericanos, cuyas enormes riquezas en recursos estratégicos son considerados casi de seguridad nacional por EU, como dio a entender Laura Richardson, jefa del Comando Sur, requiere pensar en la integración regional como la mejor estrategia para enfrentar la voracidad de la competencia mundial por los recursos estratégicos.

Vivimos un ambiente de conflagración mundial. ¿Será capaz el Sur global de parar esta escalada en la que Occidente ha perdido por completo el camino?



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