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- Autor, Natalie Sherman y Michael Race
- Título del autor, Periodistas de negocios, BBC News
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este miércoles la imposición de aranceles de hasta un 25% para todos los autos “no fabricados en EE.UU.”.
En un esperado anuncio desde el Despacho Oval, Trump señaló que la imposición de impuestos a los vehículos importados ascenderá al 25% a partir del próximo 2 de abril.
“Si [los autos] se fabrican en EE.UU., no tendrán ningún arancel en absoluto. Vamos a empezar con una base del 2,5% que es lo que tenemos ahora y luego hasta el 25%”, dijo Trump en su anuncio.
“Este es el inicio del ‘Día de la Liberación’ de EE.UU. Vamos a traer de vuelta el dinero que se llevaron personas que se sentaron en este escritorio”, señaló en referencia a sus predecesores.
“Vamos a imponer cargos a países por hacer negocios en nuestro país y llevarse nuestros trabajos, llevarse nuestra riqueza. Se han llevado muchas cosas a lo largo de los años”, añadió.
El mandatario estadounidense afirmó que la medida generará un “tremendo crecimiento” para la industria automotriz, prometiendo que impulsará el empleo y la inversión en EE.UU.
Sin embargo, analistas han señalado que es probable que la medida cause importantes perturbaciones en la producción automotriz, aumente los precios y tense las relaciones con los aliados.
EE.UU. importó aproximadamente 8 millones de automóviles el año pasado, lo que representó alrededor de US$240.000 millones en comercio y aproximadamente la mitad de las ventas totales.
La medida puede tener un alto impacto en México, que es el principal proveedor extranjero de automóviles a EE.UU. Le siguen Corea del Sur, Japón, Canadá y Alemania.
Muchas empresas automotrices estadounidenses también tienen operaciones en México y Canadá, establecidas bajo los términos del tratado de libre comercio entre los tres países.
Analistas han estimado que el costo de un automóvil podría aumentar miles de dólares, con aranceles del 25% sobre piezas provenientes de México y Canadá solamente, que agregarían entre US$4.000 y US$10.000 en costos dependiendo del vehículo, según Anderson Economic Group.
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La Casa Blanca informó que la orden regirá no solo para los automóviles terminados sino también a las autopartes, que a menudo se envían desde otros países antes de ser ensambladas en territorio estadounidense.
Sin embargo, los nuevos aranceles sobre las piezas procedentes de Canadá y México están exentos mientras que la aduana y la patrulla fronteriza de EE.UU. establecen un sistema para su evaluación, según informó la Casa Blanca.
Los países vecinos ven cruzar diariamente mercancías por valor de miles de millones de dólares.
Aranceles como política exterior
Desde que llegó a la Casa Blanca el pasado 20 de enero, Trump prometió implementar un esquema de aranceles a productos importados, principalmente los de México, Canadá y China.
La industria automotriz estaba a la expectativa de si habría una exención debido a la producción multinacional que ha implementado durante los últimos años, en particular en los tres países de Norteamérica.
Preguntado en rueda de prensa si había alguna posibilidad de que diera marcha atrás, Trump dijo que no.
“Esto es permanente”, indicó, “pero si fabricas tus automóviles en EE.UU. no hay arancel”.
Las acciones de General Motors cayeron aproximadamente un 3% este miércoles, cuando la Casa Blanca dijo que estaba planeando el anuncio.
Otras compañías automovilísticas, incluyendo Ford, también registraron depreciaciones en sus acciones tras las declaraciones de Trump.
El gigante surcoreano de esta industria, Hyundai, había anunciado el lunes que invertirá US$21.000 millones en EE.UU. y construirá una nueva planta siderúrgica en Luisiana.
Trump elogió la inversión como una “clara demostración de la gran eficacia de los aranceles”.
El líder del sindicato de la industria automotriz estadounidense, Shawn Fain, que se había opuesto a Trump en las elecciones, elogió las acciones del presidente y dijo que estaba “dando un paso adelante para poner fin al desastre del libre comercio, que ha devastado a las comunidades de la clase trabajadora durante décadas”.
Los nuevos impuestos a la importación de automóviles entrarán en vigor el mismo día que los llamados aranceles recíprocos para cada país, en función de su relación comercial con EE.UU.
“Ataque directo”
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, calificó el anuncio de Trump como un “ataque directo” contra su país y su industria automotriz.
“Esto nos dolerá, pero si nos mantenemos unidos, saldremos fortalecidos de este período”, afirmó.
En tanto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que el bloque evaluará las medidas antes de cualquier respuesta comercial.
“Como ya he dicho, los aranceles son impuestos: malos para las empresas, pero peores para los consumidores, tanto en EE.UU. como en la Unión Europea (UE)”, declaró.
“La UE seguirá buscando soluciones negociadas, protegiendo al mismo tiempo sus intereses económicos”, agregó.
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La introducción de aranceles en EE.UU. sobre una serie de productos importados forma parte de los esfuerzos de Trump por proteger a las empresas estadounidenses e impulsar la industria manufacturera.
Un arancel es un impuesto sobre las importaciones que deben pagar las empresas importadoras.
Si bien protege a las industrias nacionales, los precios pueden subir si una empresa que importa productos traslada a los consumidores esos mayores costos, en lugar de absorberlos o reducir las importaciones.
En muchos países crece la preocupación por los posibles aranceles que afecten a las exportaciones a la mayor economía del mundo.
En las últimas semanas, fabricantes de automóviles estadounidenses, como General Motors y Ford, le pidieron a Trump que exima de aranceles las importaciones de automóviles y piezas de vehículos.
Pero el mandatario siguió adelante con su plan, que supone reanudar una medida que consideró por primera vez durante su primer mandato en la Casa Blanca.
Un estudio de 2024 de la Comisión de Comercio Internacional de EE.UU. predijo que un arancel del 25% sobre las importaciones reduciría las compras al exterior en casi 75%, a la vez que aumentaría los precios promedio en el mercado interno en aproximadamente un 5%.
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